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miércoles, 19 de junio de 2013

Turquía: Levantamiento contra el Hermano Erdogan. Por Thierry Meyssan



Por Thierry Meyssan


Para Thierry Meyssan, los turcos no están protestando contra el estilo autoritario de Recep Tayyeb Erdogan sino en contra de su política, o sea contra la Hermandad Musulmana, a la que Erdogan apadrina. No se trata de una revolución de color en la plaza Taksim en contra de un proyecto inmobiliario sino de un levantamiento en todo el país, de una verdadera revolución que está cuestionando la «primavera árabe».

Por Red Voltaire | Beirut (Líbano) | 10 de junio de 2013

a sublevación turca tiene sus raíces en la incoherencia del gobierno de Erdogan. Después de haberse presentado como un «demócratamusulmán» –al estilo de los «demócratacristianos»–, Erdogan mostró súbitamente su verdadero rostro al producirse las «revoluciones de colores» de la primavera árabe.

En materia de política interna y exterior, puede verse un verdadero viraje que permite hablar de un antes y un después. Antes, existió una técnica de infiltración en las instituciones. Después vino el sectarismo. Antes, se aplicaba la política de Ahmed Davutoglu de «cero problemas» con los vecinos. El antiguo imperio otomano parecía salir de su letargo y volver a la realidad. Después fue lo contrario: Turquía se enemistó nuevamente con todos y cada uno de sus vecinos y se involucró en la guerra contra Siria.

La Hermandad Musulmana


Tras ese viraje está la Hermandad Musulmana, organización secreta a la que siempre pertenecieron Erdogan y los miembros de su equipo, aunque siempre lo niegan. Si bien ese viraje es posterior al de Qatar, padrino financiero de la Hermandad Musulmana, su significado es exactamente el mismo: son regímenes autoritarios, aparentemente antiisraelíes cuya profunda alianza con Tel Aviv aparece súbitamente.

Es importante recordar aquí que la expresión «primavera árabe», surgida y acuñada en Occidente, no es más que un engaño tendiente a hacernos creer que los regímenes de Túnez y Egipto fueron derrocados por los pueblos. Si bien es cierto que en Túnez hubo un levantamiento popular, también lo es que su objetivo no era llegar a un cambio de régimen sino lograr una evolución económico-social. No fue la gente que se lanzó a las calles sino Estados Unidos quien ordenó a Zinedin el-Abidin Ben Ali y a Hosni Mubarak que abandonaran el poder. Posteriormente, fue la OTAN la que derrocó a Muammar el-Khadafi y provocó su linchamiento. Y ahora son nuevamente la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo quienes han alimentado la agresión contra Siria.

En todo el norte de África –con excepción de Argelia– la Hermandad Musulmana llegó al poder gracias al respaldo de Hillary Clinton. Y en toda esa región, la Hermandad Musulmana tiene a cargo de la comunicación una serie de consejeros turcos, amablemente puestos a su disposición por el gobierno de Erdogan. Y en cada uno de esos casos, la «democracia» no ha sido otra cosa que una apariencia que ha permitido a la Hermandad Musulmana islamizar la sociedad, a condición de que ella misma respalde el capitalismo seudoliberal de Estados Unidos.

El término «islamizar» no es una referencia a la realidad sino a la retórica de la Hermandad Musulmana. Esa cofradía pretende controlar la vida privada de los individuos basándose para ello en principios externos al Corán. Rechaza el papel de la mujer en la sociedad e impone una vida de austeridad, sin alcohol, tabaco ni sexo… al menos para los demás.

Durante una decena de años, la Hermandad Musulmana optó por la discreción, dejando la transformación de la enseñanza pública en manos de la secta de Fetullah Gulen, a la que pertenece el presidente de Turquía, Abdulla Gul.

Aunque la Hermandad Musulmana proclama a los cuatro vientos su odio por el American Way of Life, el hecho es que opera bajo la protección de los anglosajones (Gran Bretaña, Estados Unidos e Israel), que siempre han sabido utilizar la violencia de dicha cofradía contra todo el que se resiste a los designios imperiales. La hasta hace poco secretaria de Estado Hillary Clinton tenía en su equipo de trabajo a su ex asistente personal, la señora Huma Abedin –esposa del dimitente diputado sionista estadounidense Anthony Weiner. La madre de Huma Abedin, Saleha Abedin, dirige la rama femenina mundial de la Hermandad Musulmana. Es por esa vía que la señora Clinton azuzaba a la cofradía.

La Hermandad Musulmana proporcionó la ideología de al-Qaeda a través de un miembro de la cofradía: Ayman al-Zawahiri, organizador del asesinato del presidente egipcio Annuar el-Sadat y actual líder de esa organización terrorista. Al-Zawahiry, al igual que Osama ben Laden, ha sido desde siempre un agente de los servicios de inteligencia estadounidenses. A pesar de ser presentado oficialmente como el enemigo público de Estados Unidos, el hecho es que se reunía con mucha regularidad con los representantes de la CIA, en la embajada de Estados Unidos en Bakú, desde 1997 hasta 2001, según el testimonio de la ex traductora de la CIA Sibel Edmonds, en el marco de la operación «Gladio B» [1].


Una dictadura paulatina


Durante su estancia en la cárcel, Erdogan afirmó haber roto sus vínculos con la Hermandad Musulmana y abandonó el partido de la cofradía. Logró ser electo y poco a poco fue instaurando una dictadura. Arrestó y encarceló a dos tercios de los generales turcos, acusándolos de haber participado en el Gladio, la red secreta de influencia estadounidense. Bajo el régimen de Erdogan, Turquía se ha convertido en el país con la mayor tasa mundial de encarcelamiento de periodistas, dato que la prensa occidental ocultó hasta ahora, por tratarse de un país miembro de la OTAN.

El ejército turco siempre ha sido el guardián tradicional del laicismo kemalista. Y desde el 11 de septiembre de 2001, oficiales de alto rango que veían con inquietud la deriva de Estados Unidos hacia el totalitarismo, se pusieron en contacto con sus homólogos de Rusia y China. Para erradicar con esa tendencia, varios jueces fueron utilizados entonces para recordar a esos militares sus antecedentes proestadounidenses.

Como en toda profesión, puede haber periodistas delincuentes. Pero si Turquía muestra el promedio de encarcelamiento de periodistas más elevado del mundo es porque existe una política sistemática de intimidación y represión. Con excepción del canal Ululsal, la televisión turca se había convertido en un permanente panegírico al régimen de Erdogan. Y la prensa escrita iba por el mismo camino.

«Cero problemas» con los vecinos


Igualmente risible era la política exterior de Ahmed Davutoglu. Después de tratar de resolver los problemas que el imperio otomano había dejado pendientes hace más de un siglo, el profesor Davutoglu trató de utilizar al presidente estadounidense Obama contra el primer ministro israelí Netanyahu organizando la «Flotilla de la Libertad» hacia Palestina [2]. Sin embargo, menos de 2 meses después del acto israelí de piratería contra la flotilla, el propio Davutoglu aceptaba la creación de una comisión investigadora internacional encargada de enterrar el incidente y retomaba, por debajo de la mesa, la cooperación con Tel Aviv.

Otro indicio de la cooperación entre la Hermandad Musulmana y al-Qaeda: la cofradía embarcó en el Marvi Marmara a Mahdu al-Hatari, el número 2 de al-Qaeda en Libia y probable agente de los servicios británicos de inteligencia [3].

Debacle económica


¿Cómo es posible que Turquía echara a perder no sólo toda una década de esfuerzos diplomáticos de restauración de sus relaciones internacionales sino incluso su crecimiento económico? En marzo de 2011, Turquía participa en la operación de la OTAN contra Libia, uno de sus principales socios económicos. Al terminar esa guerra, Libia quedó destruida y Turquía perdió aquel mercado. Pero al mismo tiempo, Ankara se lanzó en la guerra contra su vecino sirio, con el que acababa de firmar un año antes un acuerdo de liberalización del comercio. El resultado no se hizo esperar: el crecimiento, que había sido del 9,2% en 2010, cayó en 2012 al 2,2% y sigue bajando [4].

Relaciones públicas


A Erdogan se le subió a la cabeza la llegada de la Hermandad Musulmana al poder en el norte de África. Al expresar abiertamente su ambición imperial otomana, el primer ministro turco incomodó, para empezar, al público árabe. Y luego se ganó la desconfianza de la mayoría de su pueblo.

Por un lado, el gobierno turco financia Fetih 1453, largometraje que –con un presupuesto faraónico para las posibilidades de Turquía– supuestamente debía celebrar la conquista de Constantinopla, pero basado en un argumento históricamente falso. Pero por otro lado trata de prohibir la serie televisiva más célebre de todo el Medio Oriente –El harem del sultán– porque la verdad no ofrece una imagen pacífica de los otomanos.

La verdadera razón de la sublevación


La prensa occidental resalta, en el actual levantamiento, varios puntos que en realidad son detalles: un proyecto inmobiliario en Estambul, la prohibición de la venta nocturna de alcohol, declaraciones que alientan la natalidad. Todo eso existe, pero no basta para provocar una revolución.

Al mostrar su verdadero rostro, el régimen de Erdogan se separó de la población. Sólo una minoría de los sunnitas puede identificarse hoy con el programa retrógrado e hipócrita de la Hermandad Musulmana. Pero si bien el 50% de los turcos son sunnitas, un 20% son alevíes (o sea, alauitas), otro 20% son kurdos y el 10% restante pertenece a otras minorías. Las estadísticas muestran, por lo tanto, que Erdogan no puede resistir ante la sublevación que su política ha provocado.

Al derrocar a Erdogan los turcos no resolverían únicamente su propio problema. También pondrían fin a la guerra de Turquía contra Siria. He señalado varias veces que ese conflicto se detendría si llegara a desaparecer uno de sus padrinos. Lo cual sucederá pronto. Los turcos pondrían fin así a la expansión de la Hermandad Musulmana. La caída de Erdogan sería el preludio de la de sus amigos, desde Ghannouchi en Túnez hasta Morsi en Egipto. Es, en efecto, poco probable que esos gobiernos artificiales, impuestos a través de elecciones “arregladas”, logren sobrevivir a la caída de su poderoso padrino.

Thierry Meyssan



NOTAS
[1] «Al Qaeda Chief was US Asset», por Nafeez Ahmed, 21 de mayo de 2013.

[2] «¿A qué se debe el ataque israelí contra civiles en el Mediterráneo?», y «Flotilla de la Libertad: el detalle que Netanyahu no conocía», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 2 de junio y 11 de junio de 2010.

[3] «Los rebeldes sirios apoyados por Washington están bajo el mando de un “ex” terrorista de Al-Qaeda», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 19 de diciembre de 2011.

[4] «Turkey’s Economic Growth Slows Sharply» por Emre Perer y Yeliz Candemir, The Wall Sreeet Journal, 1º de abril de 2013.

Thierry Meyssan

Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).


jueves, 22 de noviembre de 2012

Sobre el nuevo líder de la Coalición Nacional Siria, Ahmad Moaz







   
jueves, 22 de noviembre de 2012

Sobre el nuevo líder de la Coalición Nacional Siria, Ahmad Moaz

Los múltiples rostros del jeque Ahmad Moaz Al-Khatib, por Thierry Meyssan

La descomposición de la oposición siria armada refleja los conflictos entre los países que tratan de imponer el «cambio de régimen» en Damasco. El componente más mencionado es el Consejo Nacional Sirio (CNS), conocido también como Consejo de Estambul, por haberse constituido en esa ciudad turca. Controlado con mano de hierro por la DGSE [1] y financiado por Qatar. Sus miembros, a los que se ha otorgado el derecho a residir en Francia así como otras prerrogativas, se hallan bajo la presión permanente de los servicios secretos, que les dictan hasta sus menores declaraciones.

Los Comités Locales de Coordinación (CLC) representan, en el terreno, a los civiles que apoyan la lucha armada. Y, finalmente, el Ejército Sirio Libre (ESL), controlado principalmente por Turquía, al que pertenecen la mayoría de los combatientes, incluyendo las brigadas de al-Qaeda. El 80% de sus unidades reconocen como su jefe espiritual al jeque takfirista Adnan Al-Arour, que reside en Arabia Saudita.

En un intento de recuperar el liderazgo y poner algo de orden en toda esta confusión, Washington orientó a la Liga Árabe la convocación de una reunión en Doha, torpedeó el CNS y obligó al mayor número posible de grupúsculos a integrar una estructura única: la Coalición Nacional de Fuerzas de Oposición y la Revolución. Entre bambalinas, fue el embajador estadounidense Robert S. Ford quien distribuyó personalmente los puestos y prebendas. Al final, el embajador Ford impuso como presidente de la Coalición una personalidad que nunca antes había sido mencionada en la prensa: el jeque Ahmad Moaz Al-Khatib.

Robert S. Ford está considerado como el principal especialista del Medio Oriente en el Departamento de Estado. Fue el asistente de John Negroponte, de 2004 a 2006, cuando el conocido jefe de espías estadounidense aplicó en Irak el método que había elaborado en Honduras: el uso intensivo de escuadrones de la muerte y de Contras. Poco antes del comienzo de los incidentes en Siria, el presidente Obama lo nombró embajador en Damasco, cargo que asumió a pesar de la oposición del Senado estadounidense. Ya en Siria, Robert S. Ford puso inmediatamente en aplicación el método de Negroponte, con los resultados que ya conocemos.

Si bien la creación de la Coalición Nacional confirma que Washington retoma el control de la oposición armada, ese acto en sí mismo no resuelve el problema de su representatividad. Varios componentes del ESL rápidamente expresaron su desacuerdo con ella. Lo principal es que la Coalición excluye de sus filas a la oposición contraria a la lucha armada, como la Coordinación Nacional por el Cambio Democrático de Haytham al-Manna.

La designación del jeque Ahmad Moaz al-Khatib como presidente de la Coalición responde a la necesidad de guardar las apariencias: para obtener el reconocimiento de los combatientes, el presidente de la Coalición tenía que ser un religioso; pero para que fuera admitido por los occidentales, tenía que parecer un moderado. Lo más importante es que, en este periodo de intensas negociaciones, había que poner como presidente a alguien que tuviese sólidos conocimientos para discutir sobre el futuro del gas sirio… aunque de eso no se habla en público.

Rápidamente, los especialistas estadounidenses en relaciones públicas modificaron el look del jeque Ahmad Moaz al-Khatib metiéndolo dentro de un traje de pantalón y chaqueta sin corbata. Varios medios de prensa ya lo presentan como un líder «modelo». Por ejemplo, un importante cotidiano estadounidense se refiere a él como «un producto único de su cultura, como Aung San Suu Kyi en Birmania» [2].

Veamos el retrato que hace de este personaje la Agence France Presse (AFP) :
«Jeque Ahmad Moaz Al-Khatib, el hombre del consenso
Nacido en 1960, el jeque Ahmad Moaz al-Khatib es un religioso moderado que fue por un tiempo imam de la Mezquita de los Omeyas de Damasco y no pertenece a ningún partido político.
Esa independencia, y su proximidad con Riad Seif –gestor de la iniciativa de una coalición ampliada–, lo convirtió en un candidato de consenso a la dirección de la oposición.
Surgido del islam sufista, este dignatario religioso, que ha estudiado relaciones internacionales y diplomacia, no está vinculado ni a los Hermanos Musulmanes ni a ninguna fuerza de oposición islamista.
Arrestado en varias ocasiones en 2012 por haber llamado públicamente a la caída del régimen de Damasco, se le prohibió hacer uso de la palabra en las mezquitas por orden de las autoridades y encontró refugio en Qatar.
Originario del propio Damasco, desempeñó un papel decisivo en la movilización en la periferia de la capital, sobre todo en Duma, muy activa desde el comienzo de la movilización pacífica en marzo de 2011.
“El jeque al-Khatib es una figura de consenso que goza de un verdadero apoyo popular en el terreno” subraya Khaled al-Zeini, miembro del Consejo Nacional Sirio (CNS).» [3].

La verdad es muy diferente.

No existe ningún indicio de que el jeque Ahmad Moaz al-Khatib haya estudiado alguna vez nada parecido a relaciones internacionales y diplomacia. Pero sí está comprobado que es ingeniero en geofísica y que trabajó durante 6 años para la al-Furat Petroleum Company (desde 1985 hasta 1991). Esa compañía es un joint-venture entre la compañía nacional y varias compañías extranjeras, entre ellas la anglo-holandesa Shell, con la que se mantuvo vinculado.

En 1992 heredó de su padre, el jeque Mohammed Abu al-Faraj al-Khatib, el prestigioso cargo de predicador en la Mezquita de los Omeyas. Fue rápidamente apartado de esa función y se le prohibió predicar en territorio sirio. Pero eso no fue en 2012 ni tuvo nada que ver con la actual situación sino que sucedió hace 20 años, en tiempos de Hafez al-Assad. En aquel momento, Siria apoyaba la intervención internacional para liberar Kuwait, tanto por respeto al derecho internacional como para deshacerse del rival iraquí y acercarse a Occidente. Pero el jeque se opuso a la Tormenta del Desierto por motivos religiosos que eran los mismos que proclamaba… Osama Ben Laden –cuyas ideas servían por entonces de inspiración al ahora presidente de la Coalición–, específicamente en cuanto al rechazo de la presencia occidental en la tierra de Arabia, considerada un sacrilegio. Todo ello condujo al jeque Ahmad Moaz al-Khatib a proferir una serie de arengas antisemitas y antioccidentales que motivaron su destitución.

Después de aquello, el jeque se dedicó a la enseñanza religiosa, principalmente en el Instituto Neerlandés de Damasco; realizó numerosos viajes al extranjero, principalmente a los Países Bajos, Gran Bretaña y Estados Unidos. Y finalmente, se instaló en Qatar.

En 2003-2004, volvió a Siria como cabildero del grupo Shell en momentos de la atribución de concesiones para la prospección de petróleo y gas. A principios de 2012, regresó nuevamente a Siria donde encendió la protesta en el barrio de Duma (en la periferia de Damasco). Arrestado y posteriormente amnistiado, salió del país en julio para instalarse en El Cairo.

Su familia es de tradición sufista. Sin embargo, contrariamente a las afirmaciones de AFP, el jeque Ahmad Moaz al-Khatib es miembro de la Hermandad Musulmana, y por cierto no dejó de mostrarlo al final del discurso de investidura en Doha. Siguiendo la técnica habitual de la Hermandad Musulmana, el jeque no sólo adapta la forma sino también el fondo de sus discursos al auditorio que tiene delante. Se dice a veces favorable a una sociedad multireligiosa, pero otras se pronuncia por la implantación de la charia. En sus escritos, sin embargo, califica a las personas de religión judía como «enemigos de Dios» y a los musulmanes chiitas de «herejes rechazantes», calificativos que equivalen a condenarlos a muerte.

En definitiva, el embajador Robert S. Ford logró una buena jugada. Estados Unidos embauca nuevamente a sus aliados. Al igual que en Libia, Francia ha asumido todos los riesgos pero, en la gran repartición que pudiera producirse, Total no obtendrá ninguna concesión ventajosa.


NOTAS:

[1] La Dirección General de Seguridad Exterior es el servicio de inteligencia exterior de Francia. NdT.

[2] «A model leader for Syria?», editorial del Christian Science Monitor, 14 de noviembre de 2012.

[3] «Un religieux, un ex-député et une femme à la tête de l’opposition syrienne», AFP, 12 de noviembre de 2012.